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El de Petricor


Aunque no me hables, aunque no me escribas, la intensidad vive y vivirá en mi. Y hoy simplemente antes de decírtelo a ti directamente prefiero lanzarlo al aire y ver cómo las palabras caen a mi alrededor. 

Porque no todo es tan grave, y esta vez nadie tiene que pedir perdón, la vida sucedió y la dejamos pasar. ¿Que le vamos hacer? Pues sonreír, por supuesto, ante cualquier cosa que venga, juntas o por separado pero sonreír. 

En mis oraciones diarias tu nombre está de los primeros y no para que vuelvas o te quedes en donde estás, sino para que encuentres tu lugar sea donde sea. 

Mi felicidad no depende de ti, pero se hace más grande si sé que estás con tu sonrisa puesta desde la mañana. Me da igual quien te la pusiera o el motivo, me importa simplemente que la tengas. 

Que tu plaza te espera en la vida y en los sueños porque te la mereces. Que te quiero mucho y que te quiero bien. Y que nunca te enseñaré el diario que escribo cada día como si fueran cartas para ti, contándote mi día a día. Pero lo tengo ahí.

Me pediste que nunca dejara de escribir, y aquí lo sigo haciendo y sigues siendo tú la protagonista de mis relatos, o quizá ya simplemente lo es la historia. Y no me importa si lo ves y lo desechas, porque en el fondo lo escribo para mi, porque lo que yo sentí lo llevo dentro y tengo claro que a partir de ahora no me conformaré con menos. 


Que eres suerte y que eres especial y que prefiero los días malos a tu lado que los buenos sin ti, pero la vida a veces es así.

Entonces decirte que mi corazón sigue contigo y que aunque a veces no quieras, seguro que lo riegas de vez en cuando y hasta le darás chocolate sin que yo me entere.

Disfruta del mundo contigo y con quien quieras.

Y tranquila que yo sigo juntando las manos por ti y abrazando cojines.

Ojalá algún día otra vez contigo “petricor”.


Escucha la lista de música que ha inspirado este instante

 

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