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El de Teresa (Amor)

 

Su mirada se centra en no pisar las líneas que separan las baldosas. El camino al hospital se hace más corto con esos pequeños juegos.

La brisa acaricia su cara e impregna su nariz de ese olor que solo tienen las mañana con sol.

Sonríe detrás de su mascarilla que le llega hasta los ojos. Está nerviosa.

Aprieta con fuerza la mano que la sujeta. Se miran haciéndose cómplices de la misma sonrisa.

-Todo saldrá bien-

Se reconforta. Sueña, esto no es real, su mente está incrédula ante esta realidad.

Tiene 27 años, el pelo largo, unos ojos verdes preciosos, una sonrisa que inunda el mundo y una operación con la que lleva soñando desde que se dio cuenta que no le gustaba el nombre de Antonio para ella.

Que peculiar es la mente que en momentos plenos nos lleva a espacios vacíos para saborearlos aún más si cabe.

Se mira la mano y la ausencia del dedo meñique le recuerda el recorrido.

Tenía 17 años, el pelo largo, unos ojos verdes preciosos y una mezcla de miedo y valentía cada vez que tenía que ir al baño.

Su alma más profunda empujaba la puerta del aseo de mujeres pero sus oídos siempre escuchaban los insultos cuando lo hacía.


Ese día decidió ensordecerlos. Apoyó la mano en el pomo y lo giró. 

Seguidamente se vio empujada de forma violenta hacia adentro. Su coro de insultos particular la sujetaba contra la pared. Gritaban y escupían a la vez que ella intentaba librarse de ellos pero eran muchos y ella más débil.

Le inmobilizaron el brazo contra la pared, abrieron su mano y empezaron a cantar la misma canción que cuando en corrillo estás escogiendo a quien le toca ser el portero.

Pero esta vez eran sus dedos los que iban a sufrir el descarte.

Chillaba todo lo que podía a través de la mano que tapaba su boca mientras recibía golpes contra la pared.

Habían decidido cortarle un dedo, ya que los genitales se los querían dejar para que siguiera siendo el “engendro” que identificaban sus mentes cuadradas.

Y volvió hoy, a mirar las rayas que separaban las baldosas, a respirar la brisa matutina y a apretar con fuerza la mano que la acompañaba.

Le pusieron Antonio cuando nació, pero hoy, era mas Teresa que nunca.

 


Escucha la lista de música que ha inspirado este instante

 

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