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El del marinero


Mueve con calma el bastón de madera y seguidamente levanta cada una de sus piernas. La vida lo muestra cansado, con el máximo anhelo de conseguir el periódico de cada mañana. 

Se queda de pie en mitad de la pastelería, con el café que le tiene más sabor de recuerdos del lugar, esperando a que las manos de la señora que tiene enfrente suelte su desayuno de información.

Se le ilumina la mirada al ver que por fin lo abandona. Se acerca todo lo rápido que sus huesos se lo permiten y lo coge con sus manos tan llenas de historia, que nadie de esta sala se imagina todo lo que han palpado y como con esas mismas manos, ayudó a su mujer hace años a traer a sus 3 hijos a este mundo. Manos que ya han dado vida. 

Llega de nuevo a su mesa, en la cual ya reposa su café de cada mañana.

Viene a esta pastelería-cafetería todos los días, donde las camareras saben exactamente cómo preparárselo para que empiece bien la jornada.

Separando la silla con calma, apoya el bastón contra la puerta de la entrada. Se sienta y abre “La voz de Galicia”.

Simplemente lo ojea para no perder el hábito de la lectura, y le gusta seguir interesado en las noticias que lo conectan con este mundo de hoy del que se siente tan lejano.

Le gustaría volver a ver en el periódico local la anunciación de que se casaba.
Le gustaría volver a mirar esa cara a la que le juró amor eterno.
Le llenaría de gozo poder caminar una vez más con ella.

Piensa eso y se enjuaga una lágrima que quiere deslizarse por su mejilla arrugada. Pero dichas arrugas son de sonreír y trabajar. La vida no lo ha tratado nada mal. También se lo ha trabajado cada día en el mar. Ese es su segundo amor, el mar. Allí, hace años, mientras recogía una red ,se dio cuenta que llevaba todo el día pensando en la muchacha con la falda blanca que vio ayer por primera vez saliendo de la casa de su vecina de enfrente.

Y ahí empezó su historia de amor, interminable, infinita y que cada mañana recuerda en esta cafetería.

Porque antes de que ese lugar existiera, debajo había campo desde el que se veía su tan amado mar. Y en ese mismo campo se abrazó por primera vez toda la noche a su futura mujer. Aunque el café sea malísimo, cada día vendrá a leer el periódico, porque debajo de este suelo de madera, sigue vivo el amor que lo hace respirar con cada aliento de vida que le queda.


Escucha la lista de música que ha inspirado este instante

 

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