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El de él (Pasión)

 

– “No quiero salir de la habitación.”

Ese pensamiento retumbaba como una mala canción que se repite en tu cabeza todo el día.

– “No quiero enfrentarme a la realidad de lo sucedido. No quiero mirarme en el espejo y ver mis ojos emborronados por el eyeliner sin desmaquillar de ayer a la noche.”

Se arremolina en las mantas, intentando tapar con el calor que le aportan el frío que siente en su interior.
Siente vergüenza, suciedad, arrepentimiento, duda. Su pecho se ahoga en distintas emociones que no consigue modificar hacia algo que la haga sentir un poco mejor.

– “Solo un copa, venga vente.”

Su mente se empeña en recordar con flashbacks los momentos de esa noche.

Un baile, unas risas, unos chicos que se acercan a ellas, beben más, deciden probar esa sustancia rosa que ellos (sí, parecen súper majos) les ofrecen. 

La música sube de nivel, su piel comienza a erizarse, decide marcharse para casa.

Hugo (El alto de ojos oscuros. Creo que se llamaba así, no lo recuerdo. Era el más callado de todos y habían tonteado un poco) decide acompañarla.

La vista de la calle a sus ojos es confusa. Su cuerpo siente frío y miedo.

Empieza a dudar de que las intenciones de su acompañante sean buenas. Y en ese momento ya no sabe si la mano en la cintura es solo para sostenerla.

A lo lejos ve acercarse tres chicos. Hablan muy alto y se ríen. Cada vez están más cerca. ¿No son los amigos de Hugo? Si, lo son. 

Se paran y no entiende bien lo que dicen. Cree que discuten pero no es capaz de descifrar con claridad. Sus habilidades sensoriales son son muy válidas en ese momento.

-“Tío estás flipando.”  
Parece la voz de Hugo.

Ella nota un tirón de un brazo a la vez que la mano de Hugo en su cintura se vuelve más fuerte, arrimándose a ella ¿protegiéndola?. 

Algo pasa, discuten entre ellos.

-“Pero tú no viste que estaba bailando con todos a la vez, venga que esta quiere fiesta.”
Los amigos de Hugo tienen planes que ella no comparte y parece que su acompañante a casa tampoco.

Y ahí empieza, una lucha por su cuerpo.

Lo último que recuerda es entrar en su portal mientras un ojo hinchado, un labio partido y un cuerpo más grande que el de ella la observa.  Esta a salvo.

-“Mañana te llamo, descansa. Tu no has hecho nada malo.”
Se despide con un beso en la frente.

A todos los hombres como Hugo, gracias. 

 


Escucha la lista de música que ha inspirado este instante

 

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