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El de la máscara (Dudas)

 

Entras, sonríes y pides tu café.

Te sientas y lo disfrutas. Visto desde fuera es una mañana rutinaria en la que el día comienza sin ningún tipo de sobresalto. Todos nos imaginamos que cuando sonríes lo haces de verdad.

Solo tu sabes lo que te ha costado contestar con un simple “bien” a la pregunta tan banal: “¿Que tal?”.

Qué sucedería si cuando nos preguntan eso, decimos “mal”, “no es mi mejor día” o “sufro de ansiedad”.

¿Dónde está la linea que separa la sinceridad con la búsqueda del reconocimiento ajeno de tu dolor?

Nos enfrascamos en pintar nuestra máscara cada día porque: “Relax, todo saldrá bien”. Ya pero… ¿Y si no sale bien? ¿Vas a venir tu a solucionarme el jaleo que tengo montado en mi mente?

Creo que no.

Foto de @alanperezph

La complejidad del cerebro reducida a: “Tienes que relajarte”

– Oye, gracias, no lo había pensado.

Esas frases tan manidas sin ningún tipo de acierto al ser pronunciadas con una pizca o la ausencia de empatía.

Si se pusieran en tu pellejo llegarían a sentir cómo se encoge tu estómago y tus hombros se llenan de un calor axfisiante. Y a tu mirada le falta nitidez.

No es ansiedad, es miedo. Son tus monstruos los que te absorben y no consigues vencerlos.

Hay una canción de Jarabe de palo (gracias Pau por todo) que se titula GRITA.

Resume a la perfección este estado anímico.

Me quedo con estas frases:

“Hace tiempo alguien me dijo cual era el mejor remedio cuando sin motivo alguno se te viene el mundo al suelo. Que no hay vida, mar ni cielo. Que la vida es un sueño” y eso es lo único que quiero. 

Gritar.

 


Escucha la lista de música que ha inspirado este instante

 

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