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El del que ve pero no mira

 

-Mírame- se lo acabé gritando.

-Solo me ves, pero no me miras- sus ojos se llenaron de lágrimas.

Toda la frustración acudió en avalancha para derrochar fuerza por sus mejillas. Sabía que ahí no era, sabía que él no era. Pero todo su ser se enfermaba solo de pensar que nunca más se cruzarán sus miradas entre sábanas. Su risa se guardará como una canción antigua que solo te aporta nostalgia al recordarla.

Leyendo esto nos damos cuenta de lo importante de las decisiones que tomamos cada día. Porque tenemos la creencia de que un simple cruce visual puede desatar un universo único con solo dos habitantes, y no voy a ser yo la que lo ponga en duda.

Pero asegúrate de que te ve, de que realmente te ve.

Y lo más importante, preocúpate de que TÚ TE DEJES VER. Es bastante difícil para un espectador disfrutar de una obra de teatro con el telón bajado. También es más sencillo culpar al que está sentado en la  butaca de que no se ha levantado a mirar lo que hay entre bambalinas, aún cuando nosotros no hemos levantado el telón. ¿Cómo se va a atrever tan siquiera a comprar una entrada cuando no queremos mostrar nuestra visión del mundo?

Toda la vida exigiendo que nos den, que nos acompañen y después pedimos sentarnos solos en el autobús.

Vivimos rodeados de contradicciones en este universo lleno de interrogantes. Después por la noche nos abrazamos, lamentándonos de nuestra soledad porque no sabemos disfrutar de nuestra maravillosa compañía.

Y cuando nos ofrecen un hombro sobre el que apoyarnos para soñar un par de minutos, lo rechazamos por miedo al sufrimiento posterior, sin tan siquiera darnos la oportunidad de disfrutar aunque sea unos segundos.


Escucha la lista de música que ha inspirado este instante

 

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